Destacándose en el centro ahí estaba la manzana para ser mirada, tocada, saboreada.
Así es. Iniciamos nuestro ciclo de sesiones de Biodanza con un símbolo en el centro de nuestra ronda. Los cuatro elementos y una manzana al centro.
Podemos tener dos miradas de la misma manzana. La primera se nutrió por siglos de una lectura tergivesarda y machista del texto bíblico en el cual desafortunadamente el fruto se convirtió en símbolo de la tentación, del pecado y de un pecado en relación a la sexualidad. Mal vista quedó Eva por generaciones, y en ella también las mujeres como seres débiles, impuras. Aunque un poco exagerada y dramática esta interpretación, ella se esconde en el inconsciente colectivo, porque aún cuando la exégesis bíblica actual esclarezca e intente revertir el fruto como símbolo de la libertad humana, siempre habrá alguien que relacione a la manzana como símbolo de pecado sexual y de la responsabilidad de Eva.
Otra lectura es la que me propongo presentar desde el Sistema Biodanza. En primer lugar, la manzana como símbolo de lo reprimido y que será transformado y liberado desde la Vivencia.
Puedo preguntarme, y ¿qué es lo prohibido para mí? Eso prohibido que por circunstancias muy variadas se anidan en mi inconsciente o incluso en mis creencias, están ahí por mi cultura, por lo que me transmitieron en la familia, en la religión, en la escuela, en la sociedad. Lo prohibido en forma de mandato “No toques. No mires. No te expreses. No llores. No rías. No te muestres. No hables. No pongas límites. El placer no es bueno. Lo que vale es el sufrimiento. No te permitas sentir miedo. No te equivoques”. Son mandatos internos que nos reprimen, nos enferman, nos hacen sentir inadecuados, desarraigados, sin identidad.
Desde el Sistema Biodanza (Rolando Toro) he podido obtener una nueva mirada: Una nueva conexión conmigo misma, con el otro, con la naturaleza. Una mirada que se nutre del bienestar, la salud, la vinculación con la naturaleza, los sentidos, el saborear, el tocar, el placer.
Una nueva mirada que apareció cuando me arriesgué a moverme de manera diferente, cuando reaprendí a danzar mi vida, a vincularme, a sonreír, a escuchar mis necesidades, a poner límites con amor, a mirar y a abrazar con toda mi humanidad la humanidad del otro.
Esa mirada me llevará a la madurez como ser humano y como ser profundamente comprometido con la propia espiritualidad: amando y siendo amada, amando a los demás con el mismo amor con el que me amo a mi misma.
¿Te atreves a darle un nuevo mordisco la manzana?
Mary Carmen García
Facilitadora de Biodanza en fase de supervisión
marycarmen.garcía@gmail.com
Excelente mi bella y querida Mari, tu eres el vivo ejemplo de la magia de la biodanza
ResponderEliminarMuchas gracias Marleine querida, ¡te abrazo!!
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